June 7th, 2011

Trabajar Para Vivir o Vivir Para Trabajar, Ese es el Dilema…

¿Porqué un sinnúmero de personas que conocemos valoriza el trabajo en función de la cantidad de horas y esfuerzo  que le dedica, en lugar de hacerlo en relación a la importancia de las actividades que realiza?

La respuesta se encuentra en las llamadas “costumbres sociales” relacionadas con el trabajo. A uno le dicen desde chiquito: “trabaja duro y conseguirás lo que quieras en la vida”. Y de hecho, nada podría distar más de la realidad. En el mundo occidental, muchas personas pasan la mayor parte del día trabajando durísimo durante años y ni siquiera están cerca de conseguir lo que quieren en la vida. Este tipo de frases nos han condicionado a pensar que el éxito sólo se alcanza mediante largas jornadas de incesante actividad y poco tiempo de ocio, además de otros importantes sacrificios en la calidad de nuestras vidas.

Estas “costumbres sociales” nos conducen a “lugares comunes” en relación al hombre y su trabajo. En realidad, estos “lugares” son creados por una mayoría insatisfecha y temerosa, que no tiene el suficiente coraje para encarar una actividad diferente, que sea más gratificante, bajo el punto de vista emocional y económico.

Un sinnúmero de personas siguen tolerando los excesos de los jefes que exigen más y más dedicación, sin una  remuneración acorde, y sin ofrecer un porvenir claro, simplemente porque lo más fácil es continuar así. Además, quedarse con lo conocido genera mucha más seguridad, que aventurarse a hacer algo distinto. Los riesgos de trabajar inteligentemente, en lugar de solo trabajar duro, tienen que ver con el lidiar con la envidia de “los quejosos de este mundo”; ya que el que trabaja poco (por más productivo que sea) es considerado una amenaza para el sistema capitalista y para la estabilidad del mundo moderno.

Todos los éxitos que alcanzamos se desarrollan, en realidad, fuera de esos “lugares comunes”, a partir de un pensamiento creativo. Por eso uno debe tomarse el tiempo para estimular la creatividad. Cuanto más creativo uno sea, menos habrá que apoyarse en el trabajo duro para alcanzar el éxito. Esto es un verdadero estado emocional a partir del cual uno se siente y está convencido de ser creativo. De ahí en adelante, uno puede encaminarse a obtener lo que busca en la vida, pausada e inteligentemente.

Por ejemplo, las mejores ideas surgen, por lo general, cuando uno está pensando relajadamente, paseando, observando un paisaje, leyendo un libro….

Las buenas ideas no aparecen cuando uno anda corriendo de un lado a otro, “apagando incendios”, atendiendo solo lo que es urgente y no importante, trabajando 12 o 14 horas por día, incluso los fines de semana. Lo que si surge de todo esto último es un sentimiento de improductividad, continuo incumplimiento, y frustración.

El tiempo no es escaso en realidad. El problema es que gran parte del tiempo disponible se malgasta en actividades insignificantes y en luchas para alcanzar objetivos superfluos que no contribuyen en nada al éxito y a la felicidad. Las personas se ven empujadas a continuar en ese mismo camino, solo porque los demás miembros de la sociedad de la que participan las empujan a perseguir sus mismas metas superfluas.

Trabajar poco, pero en actividades acertadas, puede proporcionar un éxito y bienestar que desconoce el 95% de la sociedad de la que formamos parte.

¡Cuidado! ¡No confundir todo esto con irresponsabilidad frente a la vida o vagancia!

A partir de que el pensamiento creativo genera y elabora una idea, uno debe trabajar intensamente en ella, eligiendo vías pausadas que conduzcan a sentirnos felices de lo que estamos haciendo, mientras nos encaminamos rumbo a la esperada prosperidad y libertad económica; pero, a su vez, conscientes de que es preciso un esfuerzo continuo para lograr el tan ansiado éxito en la vida.

El orden natural no manda que uno tenga que trabajar duro para ganarse la vida y así sacar más provecho de ella. Al contrario, trabajar menos que la mayoría, y a un ritmo más pausado puede, de hecho, ayudar a sacar mucho más provecho de la vida, tanto económica como emocionalmente.

Referencia: “El Éxito de los Perezosos” – Ernie Zelinsky

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