October 25th, 2013

Turismo Latinoamericano en Sidney, Ohio

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Pensar que cuando empecé a trabajar para la compañía en la que sigo trabajando hasta hoy, llegué a imaginarme que su oficina central estaba en Sydney, Australia, en vez de Sidney, Ohio en los EEUU. Incluso las agencias de viaje se confundían cada vez que hacía mis reservas.

Pasar algún tiempo en pueblos pequeños como Sidney, ubicados en lo que los estadounidenses llaman Medio-Oeste de su país, puede ser una experiencia inolvidable para un latinoamericano.

Sidney, para ser un pueblo pequeño, tiene ciertas características inusuales en la arquitectura de varios de sus edificios y puentes ferroviarios, que datan de fines del siglo 19, principios del 20.

Las casas de familia en las inmediaciones del centro del pueblo, le recuerdan a uno la mansión de los “Locos Adams” o “Adams Family”, título original de la afamada comedia televisiva estadounidense.

El pueblo está rodeado de plantaciones de maíz. La actividad industrial también existe, aunque un poco alicaída últimamente, después de la crisis del 2008, que afectó seriamente al estado de Ohio.

En Sidney los días de verano pueden convertirse en una pesadilla interminable para quienes lo visitamos por motivos de trabajo. De ocho de la mañana a cinco de la tarde, nuestras obligaciones laborales nos distraen. Pero después de las cinco ya no hay nada que hacer ahí. Y el sol se esconde recién a las nueve en plena temporada estival.

Uno puede manejar una hora hasta la ciudad de Dayton en busca de actividad en los ratos libres, o dos horas hasta Cincinnati. Esta última es la mejor opción para quedarse, si uno se ve obligado a pasar un fin de semana por allí. Quedarse en Sidney un fin de semana no es una opción, salvo que uno esté dispuesto a enfrentar la profunda depresión que produce un interminable aburrimiento.

El mayor atractivo de la ciudad es el Walmart Supercenter, ubicado en las afueras, cruzando la autopista. Y no es solo una distracción para extranjeros aburridos. Uno encuentra familias estadounidenses enteras allí, todos vecinos del área, recorriendo el Supercenter sin necesariamente comprar algo en particular.  Para los que estamos de visita en la ciudad, el recorrido por el Walmart es una oportunidad de ver los más variados tatuajes en cada parte descubierta del cuerpo de muchos de los vecinos que lo frecuentan. Si no me creen, los invito a visitar http://www.peopleofwalmart.com/

El invierno nos es mucho mejor en Sidney. Hace un frío insoportable, anochece a las cinco de la tarde y si comienza a nevar, lo que parece pintoresco al principio para un latinoamericano acostumbrado a los climas cálidos, se convierte en un profundo ostracismo a medida que pasan los días; al mirar por la ventana del hotel, sin saber qué carajo hacer desde las cinco de la tarde en adelante, hasta que a uno le invada el sueño, y pueda ir a refugiarse a la cama, para taparse hasta la cabeza y dormir hasta el otro día, evitando así peligrosas tendencias depresivas, que pueden generar impulsos suicidas.

Hace poco un estadounidense que vive allí, me comentó emocionado que había tomado una foto de un ciervo, a través de la ventana de su casa, en pleno invierno. Al ver la foto, vi al pobre ciervo, medio sepultado en la nieve hasta las rodillas, con cara de muerto de frio. Era como si lo escuchara implorar con voz temblorosa:

– ¡Tengo frío! ¡Me estoy congelando! ¡Por favor, déjeme entrar…o máteme aquí mismo, se los ruego…!

Conozco dos latinoamericanos que visitaron Sidney por cuestiones de trabajo, y para combatir el aburrimiento durante una tarde invernal, decidieron salir a dar un paseo en automóvil y tomar algunas fotos en la plaza central del pueblo, totalmente cubierta por la nieve, en un día horrible y nublado, con un frío infame, allá por el 2001, pocos meses después del atentado a las Torres Gemelas.

La gente que vive en estos pequeños pueblos suele ser muy susceptible, especialmente en épocas como aquellas. Si todo latinoamericano es mexicano hoy en día, en aquella época todo extranjero era árabe. Aún hoy es difícil explicar la diferencia entre Argentina, Afganistán, Argelia, Angola, o cualquier otro país que empiece con “A” de árabe; más aún si algunos de esos países poseen alguna mala fama debido a supuestas actividades terroristas islámicas dentro de su territorio. Precisamente, uno de estos dos latinoamericanos paseanderos y aburridos era argentino (argelino suena parecido, ¿no?), el otro colombiano, lo cual no ayuda mucho tampoco entre los estadounidenses, salvo que seas Shakira.

Al verlos, un policía del pueblo les dio la voz de alto desde un patrullero. Ambos se asustaron y se quedaron paralizados. El policía bajó del automóvil y, con la mano sobre su arma, les preguntó:

– What a hell are you doing here? – O sea, ¿qué carajo están haciendo aquí?

A lo que el argentino contestó con un fuerte acento:

– We are turists! – Turistas, en Sidney Ohio, en pleno invierno, sacando fotos a los edificios públicos de la ciudad, en una plaza en medio de la nada, con un fuerte acento desconocido al hablar, a pocos meses del atentado más grande en la historia de la humanidad. Muy poco creíble, para un policía de pueblo…y creo que para cualquier otra persona razonable también.

Sin quitar la mano de la funda de su arma, el policía les ordenó identificarse. Ambos llevaban consigo sus pasaportes. El policía, probablemente más asustado que el dúo latino, leyó los documentos: argentino (¿o argelino?), colombiano…y dijo:

– Put your hands on the car, where I can see them! – Pongan las manos sobre el automóvil donde pueda verlas

A lo que el argentino contesta:

– We work in Copeland – Palabras mágicas aquellas. Copeland es una fábrica de compresores localizada en las afueras del pueblo, donde seguramente algún familiar o amigo del policía había trabajado alguna vez o continuaba haciéndolo. La situación cambió de ahí en más. De sospechoso de terrorismo, pasaron a ser dos pintorescos y excéntricos empleados extranjeros de la compañía más famosa del pueblo.

Los lugareños dicen que Sidney es un buen lugar para ver crecer a los niños. Y yo estoy de acuerdo, ya que es lo que único que se puede ver crecer allí fuera del maíz. Y es lo único que se puede hacer con los chicos: verlos crecer, tanto de alto como de ancho y grosor, especialmente en invierno.

Encabezados . Tutti-Frutti