March 31st, 2011

Frases Hechas y Reflexiones de un Argentino Incorregible que Vive en el Exterior

Después de diez años de vivir en los Estados Unidos, reconozco que empleo y repito las mismas frases hechas y reflexiones sobre el exilio cada vez que me encuentro con uno de mis compatriotas, ya sea cuando viajo a Argentina o cuando alguno de ellos está de paso por aquí. Aunque, en realidad, muchas de estas reiteradas frases y reflexiones responden a preguntas igualmente repetitivas e hincha pelotas de argentinos que optan o no tienen más remedio que volver para quedarse en Argentina…

Preguntas tales como:

¿Todavía hacés el asadito los Domingos? – asumiendo de entrada, que uno vive en una casa donde es posible hacerlo. Si uno contesta el cásico “si, de vez en cuando”, enseguida te disparan:

¿Che, y conseguís buena carne por allá?

Pregunta a la que se responde habitualmente con la trillada frase:

Si, pero carne como la de Argentina acá no hay…

Respuesta a la que se le agregan otras repetidas huevadas, como los siguientes:

Acá las vacas las crían encerradas comiendo grano. No caminan y comen pasto, como en Argentina.

Y el despliegue de tonterías continua con:

Lo que pasa es que al gringo le gusta la carne magra – como si los gringos no disfrutaran de un suculento bife de chorizo, que de magro no tiene un carajo.

La carne sin grasa de acá no tiene gusto a nada – y la de allá tampoco, boludo…

Acá la carne es carísima y los cortes se llaman diferente – seguro que se llaman diferente; los nombres de los cortes están en inglés…

Otra de las preguntas idiotas habituales es:

¿Conseguís dulce de leche por allá?

O la típica:

¿Che, y conseguís yerba para tomar mate?

A esto se agregan presunciones pavotas tales como:

¿Seguro que te miran raro por allá cuando tomás mate, no? – en una clara alusión a que, supuestamente, los asombrados gringos nos ven como “exóticos drogadictos”, mientras compartimos un extraño ceremonial, en el que varios de nosotros chupamos (y no inhalamos o fumamos) de una misma bombilla un líquido verdoso, en tiempos de propagación de infinidad de enfermedades infectocontagiosas.

A ver qué argentino que viva en el extranjero no ha escuchado y comentado tamañas pelotudeces tales como:

Acá la sal no sala y el azúcar no endulza – como si las papilas gustativas del inmigrante argentino sufrieran una extraña mutación, por el mero hecho de vivir en un país extranjero ¿O será que la química gringa define los azúcares y las sales de manera diferente, haciendo que ambas sustancias tengan un gusto distinto? ¿Explicará esto porqué Carlitos Bala, y su clásico “que gusto tiene la sal”, no tuvo ningún éxito en los EEUU?

Dos preguntas infaltables son:

¿Y tus pibes, se acostumbraron rápido a vivir allá, no?

Más que una pregunta, es una afirmación planteada como si fuera una pregunta. El argentino que se queda supone que nuestros pibes poseen una capacidad de acostumbramiento a vivir en el extranjero mucho mayor que la de los “adultos llorones”. En la misma línea rutinaria y reiterativa, la otra pregunta boluda que sigue es:

¿Y tu esposa, ya se acostumbró a vivir allá?

Por alguna razón, el argentino, desde Argentina, intuye que todas las esposas de los que se van, sufren profundos ataques de depresión, ocasionados por una supuesta soledad, que se manifiesta en el no tener con quien hablar.

Si hace algún tiempo que vivís afuera, una pregunta común es:

¿Y, extrañas todavía? – a lo que se responde con las mismas y reiteradas frases del “argentino llorón”, relacionadas con la nostalgia generada al escuchar un tango; aunque en la puta vida antes de irse, uno haya escuchado alguna vez “Cambalache” o “La Cumparsita”.

Una reflexión habitual del argentino que vive lejos, relacionada con la vida social es:

Acá la gente es mucho más fría que en Argentina – lo cual, a las claras, es una soberana pelotudez. Imagínese si un gringo que viviera en Argentina, con marcadas diferencias culturales y con serias dificultades para entender y hablar el idioma, fuera invitado a un asado familiar en la casa de su amistoso vecino en Escobar: ¿No se sentiría como un sapo de otro pozo, el pobre gringo? Seguro que después de pasar un par de horas allí, en las que nadie le ha dado pelota, porque no saben de qué carajo ni como hablarle, él podría pensar que “los Argentinos son muy fríos o antipáticos”…

Algunos de nuestros compatriotas, agobiados por la “realidad” que los medios de comunicación reflejan cada día en Argentina, suponen que las mismas malas noticias llegan y trascienden en el extranjero, por lo que preguntan:

¿Che, que piensan los gringos sobre lo que está pasando en Argentina? – como si a alguien que no fuera un argentino viviendo acá, le importara un pito lo que pasa por allá.

El futbol es, prácticamente, un tema inevitable. Por supuesto que todo argentino, por más nabo que sea, sabe que el futbol, tal como lo conocemos en Sudamérica, no es muy popular en los EEUU. Pero igual joden  y preguntan:

¿Che, como le dicen al futbol allá? – a lo que sigue siempre la misma historia sobre el futbol americano y el soccer, y la popularidad de la práctica de este último por parte de las mujeres norteamericanas.

A todo esto, se le agregan otras preguntas y reflexiones, tales como:

¿Che, como andan las cosas por allá (Argentina)? –  lo que desata un largo rosario de deprimente malaria, sobre políticos, inseguridad, inflación, corrupción y otras yerbas amargas, que acaban con cualquier incipiente deseo de volver…

La infaltable:

¿Che, los gringos conocen a Maradona? – y como no lo van a conocer, con la sarta de pelotudeces que hace y que dice a cada rato, más allá de sus indiscutibles hazañas deportivas, como la de hacer goles con la mano, entre otras.

Y por último (hay muchas otras, por supuesto):

Los gringos son todos ignorantes y piensan que la capital de Argentina está en Rio de Janeiro – otra clásica afirmación pelotuda, que desata una conversación sobre el supuesto conocimiento geográfico enciclopedista del argentino arrogante promedio.

Así que por favor, si Usted vive en el extranjero, o tiene amigos o parientes que viven fuera de la patria, evite caer en todos estos lugares comunes. Corrija lo que parece ser incorregible, y genere conversaciones nuevas y originales, que nos permitan disfrutar y compartir un encuentro agradable entre compatriotas.

Que así sea…

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